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Poetas y poéticas del Valle de los perros mudos.

domingo, 3 de agosto de 2014

GENERACIONES EN LA ÓRBITA DE ROQUE DALTON. Por Alfonso Fajardo (*)


Este texto es tomado del sitio Web CONTRA CULTURA, El Salvador, San Salvador, publicado originalmente el jueves 9 de mayo de 2013.


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¿Cuánto ha influenciado la obra poética de Roque Dalton a las generaciones posteriores?

El poeta Alfonso Fajardo buscó el rastro daltoniano en la obra de poetas salvadoreños y nos comparte lo que encontró.



San Salvador.- La figura de Roque Dalton ha estado presente, de una u otra forma, en diversas generaciones de poetas de El Salvador. Esa presencia se explica a través de las dos facetas principales de Roque Dalton García, su faceta poética y la política. Unidas, estas dos facetas, dan vida a un personaje fuera de lo común: a un mito, a una leyenda. La combinación de ambas vidas –fórmula explosiva en décadas anteriores– produce una suerte de big bang dentro de la historia literaria de El Salvador. Un parteaguas. Un antes y un después de la poesía salvadoreña. No obstante, esa presencia perenne de la figura de Dalton no siempre ha sido resultado de su poesía de altos kilates. Su vida como poeta revolucionario ha influido enormemente para que sea considerado un ícono de la cultura de resistencia no solamente en El Salvador sino en toda Hispanoamérica. La vida como revolucionario, sin embargo, tampoco ha sido escalera para que su obra haya podido brillar con luz propia: su poesía vale por sí sola y no necesita de grandes leyendas o mitos para valorar su grandeza.

El presente trabajo pretende establecer el nivel de influencia literaria que ha ejercido la poesía de Roque Dalton a través de varias generaciones de poetas. Es decir, exclusivamente su influencia sobre poetas, grupos, talleres, promociones o generaciones de poetas después de su irrupción en las letras nacionales, verdadera ruptura dentro la historiografía poética nacional. Por lo mismo, trataré de no comentar la influencia del personaje revolucionario. Es importante –a 38 años de su muerte– volver sobre lo que en esencia fue Roque Dalton: un poeta. La división de estas dos facetas, la literaria y la revolucionaria, no persigue desvalorizar la parte política: hacerlo implicaría seguir una línea equivocada que propugna considerar a Dalton como un ente dividido de las fuerzas sociales para convertirlo en un poeta del oficialismo, como lo quiso hacer el Estado durante la década de los noventa, queriéndose apropiar de su figura desde un oficialismo que olvidaba su carácter de revolucionario.

Frecuentemente se considera que la figura de Roque Dalton ha permanecido incólume a través de varias generaciones gracias a su fama de poeta revolucionario, sin tomar en cuenta la dimensión propiamente literaria. Esta interpretación, a mi parecer, lleva a equívocos más fuertes todavía, como es el de considerar la obra daltoniana como de baja calidad, no merecedora de todos los aplausos y homenajes que internacionalmente le brindan. Esta interpretación errada sobre la figura del poeta nace de la mala lectura que no pocos hacen de su obra, o del nulo acercamiento hacia su mejor obra, lo que unido a la lectura de sus libros menos afortunados –desde el punto de vista meramente poético– hacen que a Dalton se le considere un escritor que poco o nada tiene que ofrecer a la poesía actual. Sobre este punto regresaremos al final de este trabajo, pues es el motor del mismo.


I.                   Generación Comprometida

Empezaremos por rescatar varias opiniones sobre la obra daltoniana de algunos de los miembros de la Generación Comprometida, bautizada así por Ítalo López Vallecillos. En principio, pareciese poco probable que escritores de una misma generación se influencien unos a otros, o que exista un poeta que logre influenciar de una u otra manera al resto de su generación. Esto es así debido a que usualmente los miembros de una misma generación se ven como iguales, como hijos-hermanos de una misma madre-época, de manera tal que –en términos generales– no suele existir influencia literaria alguna en una misma generación. Sin embargo, para los efectos del presente trabajo, es importante recoger algunas opiniones que los mismos compañeros de generación de Dalton han establecido a través del tiempo, sobre todo porque es durante esta época que empieza a gestarse la gran obra de Roque, obra que en vida fue objeto de alabanzas y reconocimientos.

Bastan tres opiniones para enmarcar el pensamiento crítico de sus colegas de generación. José Roberto Cea, en 1971, manifestaba sobre Dalton: «En algunos poemas su lenguaje pierde validez, lo invade la retórica, ese falso lenguaje que todo lo entrega al vacío, sin vida… ha perdido el contacto con nuestra realidad; en sus últimos poemas sobre El Salvador y las cárceles de aquí, encontramos un vacío, todo es metafísico[1]». Nótese que la fecha reseñada por Lara Martínez es de 1971, es decir, dos años después que Roque ganara el Premio Casa de las Américas con su libro Taberna y otros lugares.

Manlio Argueta, en el prólogo de la Poesía escogida de Roque Dalton, dice: «… la poesía del compañero poeta se vuelve cada vez más joven, a medida que penetra en el tiempo, y en las conciencias, y en las soluciones humanas. La lectura de sus poemas requiere de una complicidad –o afinidad– ideológica. Y desde ese punto de vista su literatura tiene una desventaja en vías hacia la comunicación; su poesía se convierte en una poesía para el mañana, que es el hoy y el futuro hermoso de nuestros pueblos centroamericanos. Como escritor de ruptura que es, requiere un crítico y un lector de ruptura, que no vaya hacia el envejecimiento sino hacia la esperanza que nunca se momifica. Su poesía no podrá explicarse sin comprender integralmente el proceso histórico-político, social y cultural de Centroamérica [2]».

Tirso Canales, al comentar el que para muchos es el mejor libro de Dalton, dice: «Experimenta nuevas modalidades de técnicas poéticas, con recursos que ha logrado depurar en los años cercanos, o sea los de 1966/69, mientras vive en Praga. Manifiesta en esa obra sus conflictos ideológicos de militancia, sus acuerdos y desacuerdos con organizaciones a las que perteneció. Están igualmente dichos sus juicios sobre posiciones políticas que le interesan desde distintos puntos de vista… En este sentido es necesario subrayar el abuso que en El Salvador se hace del pensamiento de Roque Dalton, al presentarlo como alguien que no registra incidencias del devenir histórico y político de esta sociedad en relación con sus ideas personales. Yo pienso que se trata de una manifestación de desinterés por investigar y conocer el fondo de los fenómenos. Mala práctica no hay de parte del poeta, sino de quienes lo leen sin comprenderlo, sin reflexionar y por tanto, sin lograr una síntesis racional del contenido plasmado en sus escritos. En las obras de Dalton todos los elementos son pensados. No hay en este libro cuestiones marginales, aunque sí conceptos discutibles con los que se puede estar o no estar de acuerdo. Desde el punto de vista poético las libertades que Roque Dalton imprime a sus poemas, aquí se hallan menguadas por la intencionalidad ideológica que la atraviesa [3]».

En estas tres opiniones se denota que Roque Dalton era respetado como poeta, pues a pesar de existir una opinión desfavorable sobre una de sus etapas, aún en esa crítica se refleja el respeto hacia otras fases dentro de su escritura, paradoja de paradojas. En el fondo, entre colegas de una misma generación poética no hay mejor reconocimiento que el respeto de esos colegas, y en Roque Dalton se da como ningún otro poeta en El Salvador. Una última opinión de quien fuera uno de los más disciplinados de su generación, lo confirma: «Con Roque tuvimos una amistad especial, por su tipo de carácter. Él era jodedor, bromista, parrandero y jugador –como Juan Charrasqueado–, y yo también: bromista, parrandero y jugador. Pero, al mismo tiempo, éramos serios en nuestras cosas, y con una gran conciencia de lo que significa ser escritor. Él tuvo definitivamente una gran conciencia. No la perdió [4]».


II.                Sesentas y setentas: Piedras, Masacuatas y Cebollas Púrpuras

Un grupo importante de la última etapa de la década de los sesenta y principios de los setenta fue, sin duda alguna, el grupo Piedra y Siglo, integrado por poetas como Rafael Mendoza, Ricardo Castrorrivas, Luis Melgar Brizuela y Ovidio Villafuerte, entre otros. No se sabe con exactitud qué tanta influencia tuvo la obra de Dalton en este grupo, pero me basta una afirmación más que explícita que se encuentra en la Revista Cultura número 97-98 correspondiente a septiembre 2007-abril 2008, número que precisamente fue dedicado a este grupo, citamos: «Uno de los aportes del grupo que nos ocupa es el haber mantenido viva la tradición innovadora de la poesía nacional, enriqueciéndola con aportes sumamente originales. Bebiendo de las fuentes daltonianas, Piedra y Siglo asumió como suya la tradición de ruptura que también comprende a Escobar Velado y a Geoffroy Rivas[5]». Suficiente para dejar constancia de la presencia de Dalton en este grupo que nació en 1967 y que publicó su primer manifiesto en 1968.

La década de los setenta empieza con la publicación de un libro bastante singular, una breve antología de siete poetas llamada Las cabezas Infinitas, una bella edición de la Dirección de Publicaciones. Los poetas antologados están Ricardo Castrorrivas (Piedra y Siglo), Mauricio Marquina, Ricardo Aguilar, Ricardo Lindo, Roberto Monterrosa (La Masacuata) y Eduardo Sancho (La Masacuata). Al releer el libro, en realidad no se detecta una influencia clara de Dalton en la obra de los entonces jóvenes poetas que en aquella época oscilaban entre los veintiuno y treinta y tres años. La publicación es de 1971. La poesía de Las cabezas infinitas se acerca a la poesía de la generación Beat sin olvidarse de la temática que en aquél entonces era efervescencia en la comunidad poética, la primigenia lucha social que se avecinaba. A pesar de todo, no dudamos que la figura de Dalton era respetada por los poetas que integraban esa breve antología, muestra de ello es la entrevista que Meme Sorto (La Masacuata) le otorgara a Contrapunto en el año 2009, en la que al preguntarle sobre los tres salvadoreños que más admiraba, sin dudarlo dice: «A Roque Dalton, por toda su vida y su obra, incluidas sus parrandas». Ricardo Castrorrivas también mantuvo una amistad con Roque Dalton, quien le prestó libros de Saint-John Perse y Jacques Prévert, poetas de culto cuya calidad es de gran altura. También en la obra de Roberto Monterrosa también se denota influencia Roqueana. Los poetas de la Cebolla Púrpura, por su parte, son los primeros en sufrir el golpe directo de la guerra civil salvadoreña, pues muchos de sus integrantes perdieron la vida en los prolegómenos de la misma: Alfonso Hernández, Mauricio Vallejo padre, Jaime Suàrez Quemain y Rigoberto Góngora. Además, del mismo grupo son David Hernández y Nelson Brizuela. Muchos de estos poetas empiezan a emular la vida de Dalton, combinando sus tareas poéticas con sus tareas políticas. Una generación trunca, en definitiva, pero influenciada por la vida y obra de Roque.

La influencia de la poesía de Dalton se hace aún más palpable en el núcleo de la siguiente promoción de poetas, nacidos dentro de la década de los cincuenta y recopilados en el libro La margarita emocionante. Estos poetas no necesariamente pertenecieron a grupos o talleres literarios, y la compilación obedece al gusto del compilador. Horacio Castellanos Moya, el compilador, lo confirma en su prólogo: «Si Gavidia es considerado el fundador de la literatura salvadoreña; sin duda que medio siglo después, con Dalton, la literatura alcanza un nivel cualitativo tan excelente que se convierte nuevamente en culminación y punto de partida. Dalton es el escritor más influyente para las nuevas generaciones: imposible ignorarlo; difícil trabajo digerirlo sin empacharse y volverse epígono; terrible esfuerzo discernir cuáles fueron las líneas poéticas que culminó y cuáles las que apenas dejó bosquejadas para su ulterior desarrollo. Con él, la poesía urbana adquiere madurez. La ruptura se radicaliza. La carga ideológica adquiere profundidad. La militancia política es llevada a su extremo. No es tan arriesgado afirmar que los seis poetas aquí reunidos tenemos conciencia de la atosigante herencia que significa Dalton [6]». Tanta influencia ejerció Dalton sobre esta promoción de poetas que a su antología la bautizaron con un verso de él: El poeta cara a cara con la luna/fuma su margarita emocionante.

A mi parecer, la generación de poetas de los setenta ya tenía asimilada aquella leyenda que ha hecho famosa Roque Dalton en el libro Poemas clandestinos: Poesía/Perdóname por haberte ayudado a comprender/que no estás hecha sólo de palabras. Esa generación empezaba a comprender que la poesía no estaba solo hecha de palabras, pero también sabían que estaba edificada a base de ellas.

Los poetas reunidos en La margarita emocionante, sin embargo, no eran los únicos poetas jóvenes escribiendo en esa época. Solo son seis poetas los reunidos en esa antología, y su selección obedece a un criterio personal del antólogo, quien así lo deja claro en el prólogo. Es, entonces, una antología de jóvenes poetas, pero que no constituyen la totalidad de jóvenes poetas de ese momento en particular. No obstante, la muestra de seis obras diferentes sí brinda un panorama –si no total– sí parcial que es suficiente para el presente estudio, sobre todo cuando nos percatamos que la mayoría de los seleccionados siguieron escribiendo y publicando en las décadas posteriores, lo cual ofrece legitimidad a las afirmaciones del prólogo en cuanto a Dalton se refiere.


III.             Década de los ochenta: Xibalbá y el fuego

La generación de poetas jóvenes de los ochenta se forjó dentro de grupos o talleres literarios como Xibalbá y Patriaexacta. La «fotografía» de este grupo es el libro Piedras en el huracán, y quizá sea en esta «generación» donde más marcada se encuentra la influencia de Roque Dalton. La década de los ochenta representa el pináculo de la llamada «poesía de emergencia» o «poesía social», entendidas éstas como poéticas estrechamente vinculadas a las luchas sociales, incluyendo la lucha social desde el ámbito meramente militar. No nos detendremos a estudiar esas etiquetas en este momento: no es el objetivo de este estudio y, además, ya otros se han encargado de estudiar este tipo de encasillamientos. Por lo pronto, utilizaremos esas etiquetas para referirnos a aquella poesía que está íntimamente vinculada con las luchas sociales dentro del ámbito de la guerra civil salvadoreña, ya que inclusive algunos de los incluidos en Piedras en el huracán fueron combatientes en el guerra civil.

Para Javier Alas, su antólogo, son dos las características principales de esta «generación»: una madurez adquirida gracias a la guerra, y la riqueza formal de la poesía. Pareciera una contradicción que nos refiramos a una «poesía de emergencia» y que a su vez una de las características de la generación sea su riqueza formal, pero tampoco es el objetivo de este estudio analizar la calidad literaria de cada generación o promoción de poetas.

En este sentido, decíamos que quizá la obra de Roque Dalton se encuentre más marcada en esta generación que en ninguna otra, y es que no solamente tomó como suya la poesía de Dalton, sino también su ejemplo de poeta guerrillero o combatiente. Esa doble influencia –poética y vivencial– se tradujo en una poesía apegada los cánones de las letras de emergencia que muchas veces era escrita en las montañas. Aún los poetas que no necesariamente estuvieron involucrados en grupos militares escribieron de y sobre la guerra. A este respecto, Alas afirma lo siguiente: «El problema es que pareciera existir, en algunos casos, un intento vehemente de escribir sobre la guerra. Estos autores se han esforzado tanto –hay que reconocerlo–, que han llegado a hacer la mejor poesía de la montaña escrita desde la ciudad [7]». Habiendo establecido lo anterior, Javier Alas inmediatamente se desmarca de esos autores y, por el contrario, enumera las que para él son las características diferenciadoras entre los antologados y los autores que vehementemente escribían sobre la guerra: el lirismo desgarrado de David Morales, el desenfado de Otoniel Guevara, la «plasticidad sugerente» de Eva Ortiz, etc.

Más allá de las características de esta generación, es en esta década donde más se reflejó el matrimonio entre poética y revolución, cuyo cenit estaba en la contribución a las luchas sociales ya no solamente desde las trincheras de la palabra, sino también desde la militancia armada directa. Es por ello que decimos que la influencia de Dalton en estos autores es doble: por la militancia política y armada de algunos de sus autores, y por el ejercicio de una poesía contestataria. Sin embargo, una vez más debemos concentrarnos en la influencia meramente literaria de Dalton sobre estos poetas, y lo que expresa Alas a este respecto es claro: «La actual generación se encuentra dentro de la onda de radiación de la influencia daltoniana, pero ello es naturalísimo: Roque es el poeta más importante que le antecede a este grupo, y a los intermedios (Piedra y Siglo), Taller Francisco Díaz, La Masacuata, La Cebolla Púrpura), y el que antecederá a no pocos grupos por venir, muy probablemente [8]».

La influencia de la obra de Dalton, en esta generación, quizá se sienta más en poetas como Otoniel Guevara, Luis Alvarenga, Edgar Iván Hernández y en el mismo Javier Alas. En el caso de Otoniel Guevara, se deja ver más en poemarios como El amor más común y corriente y en Tanto. En el caso de Edgar Iván Hernández, en poemarios como Mares y Los otros; y en Javier Alas, sobre todo en algunos de sus ensayos como «Para una lectura crítica de Roque Dalton», donde propugna por apartar todo el boscaje de los lugares comunes que siempre han perseguido a Dalton, como la característica conversacional de parte de su obra y la cargada ideología de la última etapa poética de él. Luis Alvarenga, por su parte, ha dedicado buena parte de su obra a la investigación de la vida y obra de daltoniana.

En conclusión, los poetas que se dieron a conocer en los ochenta se encuentran dentro de la órbita de Dalton, ya sea por su ejemplo de vida o por la calidad misma de la obra. Creo no equivocarme al afirmar que la obra daltoniana, hasta esta década, aún no era valorada en su más amplia dimensión, es decir, aún no se tomaban en cuenta libros como Los pequeños infiernos o El turno del ofendido como verdaderas piezas literarias de alta calidad poética, pues lo que predominaba en ese entonces era el Roque Dalton mártir, el Roque Dalton como ejemplo del matrimonio perfecto entre revolución y poesía.


IV.             Los noventa: continuidad, ruptura y dispersión

Los noventa, década en la que nacieron grupos literarios como Simiente, Talega, El Cuervo, Tecpán y La Fragua, fueron una suerte de continuidad, pero también una especie de ruptura en cuanto a la influencia daltoniana se refiere. Es continuidad porque la década inicia todavía con la guerra civil, y por consiguiente todavía se percibe la imagen de un Roque Dalton mártir y ejemplo. Los certámenes literarios de inicios de la década, y los libros que nacieron gracias a ellos, dan testimonio de una influencia daltoniana desde su obra más «social». Los libros surgidos de los Certámenes Literarios Alfonso Hernández y Poesía Reforma dan fe de la continuidad literaria de las «poesía de emergencia», libros publicados en los noventa, pero donde sus autores, sin embargo, son de generaciones pasadas.

La poesía joven estuvo en otra parte: dentro de los talleres o grupos literarios ya mencionados. Es en estos núcleos donde buscaremos la influencia daltoniana, ya que a lo largo de este estudio hemos sido consecuentes al buscar la influencia de Dalton en libros de capital importancia como las antologías generacionales.

Los poetas jóvenes de los noventa nunca tuvieron una antología propia sino hasta el año 2012, año de publicación de Lunáticos, poetas noventeros de la posguerra, libro que ni siquiera puede considerarse una antología sino más bien una generosísima muestra poética de prácticamente la totalidad de voces jóvenes de los años noventa. Es por ello que determinar si Dalton fue influencia literaria en la obra de estos poetas es tarea sumamente difícil.

Al revisar parte de la obra publicada en estos años, y sobre todo la publicada dentro de los volúmenes de compilaciones de ganadores de Certámenes de Juegos Florales, no encontramos una influencia marcada en la obra de los poetas allí compilados. Lejos de ello, observamos una influencia de estilos poéticos opuestos a los que normalmente se conocían de Dalton hasta la fecha. Ejemplo de ello es la poesía de Juan Carlos Cárcamo, miembro del Taller Literario Simiente y ganador de varios certámenes nacionales en esa época, en quien le vemos una marcada influencia de Octavio Paz.

La poca influencia que Dalton ha ejercido sobre la obra de los poetas de los noventa quizá la podamos encontrar en la poesía de William Alfaro (El Cuervo) y en la poesía de quien esto escribe. Es muy probable que me equivoque y que existan más obras influenciadas, pero el principal problema de esta generación fue la ausencia de publicaciones, por lo que es materialmente imposible poder rastrear ya no solamente los rastros daltonianos sino cualquier tipo de influencia literaria. En todo caso, en los que se ha logrado detectar, se puede decir que es una huella tenue en comparación con la profunda influencia ejercida en generaciones anteriores. En mi caso, no puedo dejar de aclarar que la vena daltoniana de mi poesía proviene de la parte surrealista, la encontramos en largos pasajes de libros como Los pequeños infiernos y El turno del ofendido.
A pesar de lo anterior, y paradójicamente, la generación de poetas jóvenes de los noventa, de posguerra, son los que más han contribuido a la divulgación de la obra de Roque Dalton. Por ejemplo: los poetas Carlos Clará, Osvaldo Hernández y Pablo Benítez fueron los encargados directos, a nivel editorial, de la publicación de No pronuncies mi nombre. Poesía completa de Roque Dalton, un aporte valiosísimo a la cultura nacional, un trabajo clave de Rafael Lara Martínez. Por otra parte, el poeta Pablo Benítez –quien también suele ser ubicado dentro de la generación de poetas del nuevo siglo– dirige la Cátedra Libre Roque Dalton, un «espacio nacional para el diálogo crítico y para la fuerza creadora del arte, especialmente de la poesía y de la literatura [9]».

A nuestro juicio, el debilitamiento de la influencia de la obra de Dalton en los poetas de la generación de los noventa obedece a un factor determinante: la falta de profundidad en la lectura de la poesía daltoniana. En efecto, los poetas de esta generación, frente a la inexistencia de la guerra, buscaron otros referentes poéticos para la construcción de su obra. La separación de Roque Dalton se da precisamente porque su poesía poco o nada les dice, pues ven en su obra un conjunto de textos poco cuidados y de mediana calidad literaria. Pero este enfoque, desafortunadamente, está viciado, ya que obedece a esa falta de profundidad de lectura de su obra. Nadie puede negar que los libros que más circularon de Dalton sean aquellos que menor calidad poética tienen, es decir: Las historias prohibidas del Pulgarcito, Poemas clandestinos, y Un libro rojo para Lenin. Caso aparte es Taberna y otros lugares que también ha circulado mucho y que sí tiene una extraordinaria calidad literaria. Así, el primer encuentro con la poesía de Dalton suele ser con esos libros de inferior calidad, y ello conlleva al equívoco de considerar que toda la poesía de él es igual a la de esos libros, y al encontrarse con una poesía a ratos panfletaria, los poetas jóvenes se distancian voluntariamente.
Es curioso que los esfuerzos por la divulgación y el estudio de la obra de Roque que ya hemos mencionado, se hayan dado en el nuevo siglo, es decir, después de una posible relectura de la obra, lo que presupone que ésta ha sido mal leída. Presupone, también, que la poesía fundamental de Roque Dalton suele descubrirse en una edad cronológica mayor, cuando se empiezan a seleccionar cuidadosamente las lecturas y cuando se tiene un olfato especial para detectar la gran poesía.


V.                El nuevo siglo, nuevos caminos

La nueva década, ya dentro del nuevo siglo, trajo consigo una nueva promoción de poetas jóvenes que se encontraban con una realidad obviamente distinta a la de otros en épocas anteriores. Es esta la década de la liberación de la información, la edad de la eclosión del internet y sus enormes tentáculos; la época del conocimiento a través de las redes globales, las redes sociales y las comunidades virtuales. Si antes encontrar un buen libro de Arthur Rimbaud, de Jorge Luis Borges o de Octavio Paz era toda una odisea, ahora estaba al alcance de un «click».

La poesía de Roque Dalton no es la excepción. La publicación de su Poesía completa en 2005 (recordemos que ya en 1994 se había publicado una extensa antología de la mano de Rafael Lara Martínez) implicó que la totalidad de la poesía de Dalton estuviera al alcance de todos. Sin embargo (una vez más la paradoja), la libre disposición de la obra poética de Dalton fue inversamente proporcional a la influencia generada por su obra a partir de entonces. Es decir, la publicación de la Poesía completa no generó un efecto multiplicador de la influencia meramente literaria sobre los jóvenes poetas. Para entonces, la influencia extra literaria estaba totalmente descartada: ese proceso de desmitificación de la influencia extra literaria había empezado desde los años noventa y se cimentó en el nuevo siglo. Por tanto, la única baza que le quedaba a Dalton era su obra, tal y como debe y debió ser siempre. 

Si ya dentro de la década de los noventa era difícil encontrar a jóvenes poetas directamente influenciados por Roque, en el nuevo siglo el distanciamiento ha sido mayor. Aquí es donde introducimos un nuevo elemento: no por el distanciamiento significa que la obra de Dalton se haya descubierto como desprovista de calidad. A nuestro juicio, el distanciamiento obedece al mismo enfoque que llevó a muchos poetas jóvenes de los noventa a no sentirse identificados con la obra daltoniana, un enfoque en el que se miraba su poesía como una obra más cercana a las letras de emergencia que al esteticismo y riqueza literaria de otros grandes poetas universales. Un distanciamiento que, sin embargo, no es de ninguna manera ruptura con ese cordón umbilical. Vladimir Amaya, antólogo y prologuista de Una madrugada del siglo XXI, libro que reúne a los poetas de esta generación, lo explica así: «…la figura de Roque Dalton para este grupo alcanza un nuevo estado, ya no sólo es el poeta insigne de la revolución y el sacrificio. El distanciamiento generacional con respecto a Dalton ha servido para hacer más profunda su lectura fuera de todo motivo no literario. Porque Roque llega fresco a este tiempo como sólo los grandes poetas lo hacen. Su lectura es vital, pero ya no estanca, no empalaga por cuestiones extra poéticas [10]».

Esa «lectura profunda», sin embargo, no ha implicado una identificación con Dalton como poeta altamente influenciable en la obra propia. Es un distanciamiento, sí, lo es, pero no lejanía. Es ausencia de influencia, sí, pero a la vez es un hondo respeto a la obra. No es un juego de palabras. Es una circunstancia que ya se intuía desde los años ochenta: entre más distancia generacional exista de Roque Dalton, más se apreciará su obra más allá de los mitos y las leyendas. Enfatiza Vladimir Amaya en su prólogo: «En esta generación, Roque está y no está. Está en el sentido de que siempre, en cualquier punto, se vuelve a él. Y no, porque Roque es el nuevo comienzo de la ruta en la cual se busca ser el protagonista. Pero se tiene claro, sin imitaciones, sin limitaciones de ningún tipo. Es tiempo para que Roque Dalton pase a ser un legado de máxima plenitud [11]».

«Está y no está», afirma Amaya. Ciertamente está Dalton porque siempre está y estará presente por su inherente calidad literaria; y no está porque es difícil encontrarlo dentro la obra de esta promoción de poetas. Por eso acudimos al antólogo de esta generación, a quien le preguntamos el por qué de esa dicotomía de estar y no estar: «Algunos poetas de mi generación… no desconocen la importancia estética de Taberna y otros lugares y lo que significa ese libro para la ‘vanguardia poética salvadoreña’, pero en sus obras no encontrarás referentes directos con respecto a temas abordados o estilos parecidos, en esa obra y otras del poeta Dalton». Más claro no puede estar: respeto por la obra daltoniana por su alta factura poética en libros alejados de la ideología, pero ausencia de influencia en la obra personal. Al preguntarle a Amaya cuáles poetas de los seleccionados en su antología son los que él considera que pudieran estar más influenciados por Dalton, contesta: «A nivel de técnica en unos pocos, que se me hacen suficientes. Pero tampoco hablamos de una influencia tan marcada, habrá elementos, pequeños aires, que nos permitan evidenciar cierto acercamiento a Dalton, pero sobre todo sería por la lectura que los poetas jóvenes salvadoreños han hecho de las fuentes directas a las que Dalton se avocó.  En otra parcela de la antología hay poetas que se acercan sobre todo a la temática, o al estilo de desenfado de nuestro poeta mayor,  pero que a nivel de técnica no aportan mucho. Y algunos rayan en el mero señalamiento de aspectos de la sociedad».

Se trata de la misma tendencia de la generación de poetas jóvenes de los noventa, pero quizá con mucho más énfasis, pues el distanciamiento temporal ha hecho que todos los ropajes de la mitificación y la leyenda se caigan inexorablemente. De Roque Dalton está quedando lo que al final debe sobrevivir: la poesía.


VI.             La órbita de Roque Dalton en el futuro

En las últimas dos décadas, la influencia de la obra de Dalton no ha sido tan marca como en décadas anteriores, y quizá se deba al tiempo específico que a estos poetas les ha tocado vivir. En la posguerra, en plenos noventa, el referente de Dalton como poeta revolucionario se empezó a desvanecer de a poco, mientras que su poesía iba quedando relegada gracias a esos primeros encuentros con su obra, que usualmente eran con los libros de menor calidad literaria. Como un fenómeno alterno, hay que decirlo, estaba la creciente efervescencia por la obra de poetas como Alfonso Kijadurías, cuyos libros Los estados sobrenaturales y Es cara musa se revelaban como el camino a seguir en cuanto a técnica literaria, mensaje y profundidad humana. En el nuevo siglo, ese distanciamiento se enfatizó hasta casi llegar a la disolución, pues difícilmente encontramos voces plenamente identificadas con la obra daltoniana, y cuando decimos la «obra daltoniana», nos referimos a ese crisol fundamental que es: mezcla de genio poético y desenfado galopante.
A pesar de lo anterior, creo que ese distanciamiento paulatino con respecto a la obra de Roque Dalton se debe, ante todo, a la mala lectura que se ha hecho de su obra a través del tiempo. En efecto, si tomamos en cuenta que lo que más ha circulado de Dalton han sido sus libros menos logrados, entenderemos esa desidia con que muchos jóvenes poetas han visto su obra: el primer contacto con la obra de un poeta es fundamental para seguirlo leyendo.

En la medida que las nuevas generaciones se introduzcan en las profundidades de la poesía fundamental de Roque, su influencia irá creciendo cada vez más. Y cuando decimos la poesía fundamental de Roque, nos referimos a poemarios o libros concretos: El turno del ofendido, Los pequeños infiernos, y Taberna y otros lugares. Será, en todo caso, una suerte de influencia recobrada, pues desde ya estamos encontrando a un Roque Dalton desprovisto del mito y de la leyenda para solo enfocarnos en lo que mejor pudo hacer en su vida: su poesía.


(*) Es abogado y poeta, colaborador de contrACultura

[1] CEA, José Roberto, citado por Rafael Lara Martínez, En la humedad del secreto, pág. XII, CONCULTURA, 1994.
[2] ARGUETA, Manlio, en prólogo a Poesía escogida de Roque Dalton, pág. 11, Editorial Universitaria Centroamericana, Costa Rica, 1983.
[3] CANALES, Tirso, en http://www.rdarchivo.net/literarias/cuatros-etapas-en-la-literatura-de-roque-dalton
[4] MENEN DESLEAL, Álvaro, citado por Luis Alvarenga en El ciervo perseguido, pág. 52, CONCULTURA, 2002.
[5] Editorial de la Revista Cultura número 97-98, septiembre 2007-abril 2008, pág. 7.
[6] CASTELLANOS MOYA; Horacio, compilador y prologuista, La margarita emocionante, Editorial Universitaria, 1979.
[7] ALAS, Javier, Piedras en el huracán, CONCULTURA, 1993, pág. 15.
[8] Ibid.
[9] Diario Colatino, Suplemento Cultural Tres Mil, 27 de diciembre de 2008, pág. 2.
[10] AMAYA, Vladimir, Una madrugada del siglo XXI, pág. 13.
[11] Ibid.


jueves, 24 de julio de 2014

LA ERA DE LA IGNORANCIA Charles Simic


Traducción de Carlos Ortega.





La ignorancia extendida rayando la idiotez es nuestra nueva meta nacional. No hay caso engañarnos y creer, como Thomas Friedman decía hace unos días, que la gente educada es el recurso más valioso de la nación. Claro que sí, pero será que todavía queremos eso? No me parece.  El ciudadano ideal de un estado políticamente corrupto, como el que tenemos ahora, es un idiota ingenuo que confunde la mierda con la pomada.
Una democracia funcional requiere un pueblo educado y bien informado,  un pueblo  poco manipulable que no se deje dirigir por nada que represente a cualquiera de los intereses particulares que manejan el país. Una democracia tal dejaría sin trabajo a nuestros políticos, a sus asesores y promotores, y a los flatulentos que se hacen pasar por los generadores de opinión.  Afortunadamente para ellos, nada tan catastrófico, aunque perfectamente bien merecido y necesario, puede llegar a pasar en el futuro próximo. Se gana más plata con los ignorantes que con los educados, y engañar a los americanos ignorantes es de las pocas industrias domesticas que aún nos quedan. Un público con educación de verdad sería perjudicial para los políticos y los empresarios. 
Tuvieron que pasar años de indiferencia y estupidez para hacernos tan ignorantes como lo somos hoy en día.  Cualquiera que haya sido profesor en los últimos cuarenta años, como yo, sabe muy bien que los estudiantes salen del bachillerato sabiendo cada vez menos.  Al principio era algo escandaloso, pero ya hoy no sorprende a ningún instructor que los jóvenes entusiastas que asisten a nuestras clases no posean la habilidad suficiente para entender buena parte de lo que les enseñamos. Enseñar literatura norteamericana, como me ha correspondido a mí, se ha vuelto cada vez más difícil porque los estudiantes leen muy poca literatura antes de las clases y no poseen la información histórica básica sobre el período en que fue escrita la novela o el poema, las ideas y los problemas que ocupaban a la gente de la época.
Incluso la historia regional se trata con displicencia. He descubierto por ejemplo que a los estudiantes que vienen de los pueblos de los molinos de Nueva Inglaterra nunca les contaron acerca de las famosas huelgas de sus ancestros, en las cuales se les disparaba a sangre fría a los trabajadores y nunca se encontraron los responsables.  No me sorprendió para nada que sus escuelas escondieran el tema deliberadamente, pero lo que me aterraba era que ni sus padres o abuelos o cualquier persona conocida cuando eran niños o jóvenes nunca les hubieran mencionado estos ejemplos de injusticia suprema. Ya fuese que sus familias nunca hablaran del pasado, o que los niños nunca prestaran atención cuando lo hacían.  Sea lo que sea, uno se enfrenta al problema de cómo remediar esta ignorancia galopante acerca de las cosas que se deberían saber o conocer, como las generaciones anteriores a ellos.
Esta falta de conocimiento es pues el resultado del proceso reiterado de demolición  del currículo escolar, sumado al hecho de que las familias ya no le hablan a sus hijos del pasado, y sin embargo contamos en la actualidad con un tipo de ignorancia mucho más perniciosa. Es el producto de años y años de polarización política e ideológica y el deliberado esfuerzo de los sectores más fanáticos e intolerantes en el conflicto por manufacturar más ignorancia, al mentir sobre muchos de los aspectos de nuestra historia e incluso sobre nuestro pasado reciente.  Me acuerdo que hace unos años quedé impresionado cuando leía que según las encuestas la  mayoría de los norteamericanos pensaban que Saddam Hussein estaba detrás de los ataques del 11 de Septiembre. Me sacudió como si fuera una proeza de la propaganda, todo un éxito que ni los peores regímenes autoritarios del pasado habían logrado –muchos de los cuales tuvieron que recurrir a trabajo forzado y a escuadrones armados para obligar a la gente a creer en alguna farsa, sin resultados comparables.
Sin duda, el internet y la televisión por cable han permitido que intereses de tipo político y corporativo difundan desinformación a escalas impensadas anteriormente, pero para hacerla creíble se necesita una población mal educada que no esté acostumbrada a verificar las cosas que les dicen. En qué otra parte del mundo llaman socialista a un presidente que decidió rescatar los grandes bancos con la plata de los ciudadanos y dejó que los demás perdieran 25 mil millones en inversiones, fondos de pensión, y propiedad inmobiliaria?
En el pasado nadie prestaba atención a las personas que no sabían nada de nada y que decían cosas sin sentido. Ya no más. Ahora, esas mismas personas son aduladas y cortejadas por políticos e ideólogos conservadores como “americanos de verdad” que defienden su  patria contra el gran gobierno y las élites liberales educadas. La prensa los entrevista y difunde sus opiniones seriamente sin apuntar la imbecilidad de sus creencias.  La prensa dependiente y charlatana, que manipula a estos personajes a favor de poderosos intereses financieros, sabe muy bien que pueden ponerlos a creer cualquier cosa, porque para los ignorantes y prejuiciados la mentira siempre suena mejor que la verdad:
Los cristianos son perseguidos en esta nación.
El gobierno les decomisa sus armas.
Obama es un musulmán.
El Calentamiento Global es una patraña.
El presidente fomenta la homosexualidad abierta en el ejército.
Las escuelas promulgan políticas de izquierda.
La Seguridad Social es un derecho, como las prestaciones sociales.
Obama odia a los Blancos.
La vida de la tierra tiene 10.000 años y el universo también.
La red de seguridad contribuye a la pobreza.
El gobierno toma tu dinero y se lo da a estudiantes lujuriosas
para que paguen su control de natalidad.

Se podrían listar así muchos más delirios del común de los norteamericanos que se mantienen en circulación gracias a los canales de medios religiosos y políticos de derecha, cuya función es la de fabricar una realidad alterna para su audiencia. “La estupidez es a veces la más grande de las fuerzas históricas”, dijo algún día Sidney Hook. No hay duda. Lo que tenemos en este país es la rebelión de mentes aburridas contra el intelecto. Es por eso que adoran a los políticos que despotrican contra los profesores que educan a los jóvenes con valores distintos a los de sus padres y se resienten contra aquellos que muestran alguna habilidad para pensar de manera seria e independiente. A pesar de sus rabietas, se puede confiar en que votan en contra de sus propios intereses, y por lo tanto, a mi juicio, es así que se gastan millones para mantener a mis conciudadanos en la ignorancia.


Marzo 20, 2012, 10:55 a.m.



lunes, 21 de julio de 2014

¿Qué se ha dicho sobre Helí? Por: David R. Herrera Castrillón



Acercamiento a la poesía y a la personalidad poética de Helí Ramírez Gómez (1948-)







 Oh mi Medellín colgado de una gota de silencio(Helí Ramírez)


Antes de publicar su primer poemario, La ausencia del descanso (1975), en 1974 a Helí Ramírez Gómez le divulgaron algunos de sus poemas en la revista bimestral de poesía, nacida y distribuida en Medellín en la década de los 70’s y principios de los 80’s, acuarimántima, revista fundada y dirigida en aquel entonces por Elkin Restrepo, José Manuel Arango, Jesús Gaviria, Orlando Mora y Miguel Escobar. Nueve de los setenta poemas que hacen parte del poemario mencionado fueron presentados en el número cinco, julio-agosto, de dicha revista[1]. Ya aquí, en su poesía temprana, empieza a advertirse lo que señalará en general el poeta colombiano Jaime Jaramillo Escobar respecto a la poesía y, en cierta medida, a la actitud poética de Helí Ramírez

“que con su lenguaje propio y descarnado asume la descripción y denuncia de sectores marginales de la ciudad, donde la vida transcurre entre las carencias, los vicios, las violencias, el crimen en todas sus manifestaciones. Y en medio de ese desmadre la poesía como una flor en un muladar.”[2]

     Veamos. Helí vivía por aquellos días en un barrio donde “no tenemos carro de basura/ ni árboles en las esquinas/ ni lámparas en la frente de las casas/ no hay nomenclatura/ no hay agua/ la sed hace de las suyas/ cuando recibe un beso”. En esas esquinas sin árboles se parchan jóvenes y cuchos, pelados de bandas, combos y galladas, a fumar mariguana (junto con “el reloj” que “prende un fósforo/ y se fuma un kilo”) y bajan los disparos como cohetes; los policías provocan náuseas, retorcijones estomacales. Es en este contexto que Helí siente que “desespero sin comer esperando que soplen vientos mejores” porque en su día a día, como muchos otros,  él abría “la boca” y la cerraba “vacía”… incluso a veces sólo que le quedaba “almorzar en cuclillas tristeza con sal”[3].
     A Helí algunos lo catalogan como “poeta y novelista urbano”. Dicen de él que es “un hombre tímido, solitario, lector de las más distintas obras” literarias; “escritor y caminante”, “observador del barrio que inspiró su obra: Castilla”, alguien que “sabe dejar en su obra la esencia de la ciudad y especialmente de los barrios populares”[4]. Así continúa expresándolo Beatriz Mesa Mejía:

“Helí Ramírez, este escritor untado de calle y acera, dolido por los muertos cercanos y lo que no lo son tanto, se extraña con el reconocimiento que hacen los otros de su obra. No se cansa de decir lo afortunado que se siente. A pesar de que hay cosas que lo molestan, por ejemplo, que se haga sociología y política con sus poemas, cuando para él son un hecho estético. Sin embargo, esto ocurre porque en su obra está la vida del barrio, la construcción de la comunidad, los momentos tristes y violentos, los amorosos, lúdicos, felices que han vivido sus habitantes, los niños, los jóvenes, los mayores…”[5]

     La poesía de Helí es sin duda, en términos estéticos, impactante, produce múltiple diversidad de emociones, se introduce en nuestra vivencias y recuerdos, nos conmueve interiormente, sacude nuestras entrañas y -parafraseándolo, como él mismo lo expresa-, contiene elementos que le permitieron la “elaboración de un imaginario propio urbano”: “la ciudad es para mí un medio de conocimiento, de realización, de búsqueda personal material y espiritual. Es vivencia. La ciudad es un poema. Es un poema por sus cosas bonitas y feas…”, afirma Helí[6].
     Juan Cano, gestor cultural, historiador y filósofo medellinense, asegura en este sentido que “Helí toca nuestras vidas, nuestras vidas populares, de barrio, de pequeños pueblos”: “logra tocarnos desde el adobe”. ¿Por qué “desde el adobe”? Porque “Helí logra meternos en el adobe”, es decir “logra meternos a la casa y sacarnos a la acera y ponernos a vivir en lo que hemos vivido todos los días de nuestra vida”. ¿Qué implicaciones trae entonces esta forma de concebir y de escribir poesía? Juan Cano nos responde que, por ejemplo, de esta manera “Helí nos incluye en la historia de nuestros barrios, nos permite ser nosotros, ser importantes en la historia de la construcción de la ciudad”, y esto es clave tenerlo en cuenta[7].
     Ya en el primer (y en otros) poema(s) de La ausencia del descanso (1975) Helí sugiere que su mundo poético es “un mundo invadido/ por la electricidad de las cosas y los hombres”. En este libro la poesía es el mundo -“violentomundo yo/ frío y loco”- del cansancio; la vida y el trabajo cotidiano de un hombre desesperado que piensa que “entre la congestión de las calles mi desasosiego con su cabeza quebrada/ piruetea sobre el abismo de mi destino recogiendo sus chispas”; poesía como ráfagas de disparos “a tiro limpio” que parecen alargarse “por los siglos que vienen…”, o como “las necesidades que forman un muro ante los ojos/ y toca músicas de distintos colores tormentosos”. Aquí poesía es también hacer “el amor/ sin desesperos/ y culatazos en la puerta”; explosiones y “residuos de hombre en la tierra” y la pregunta por “cómo rescatar la noche de este maldito diciembre”; escribir: “a las seisyveinte de la tarde/ no cree en nadie el sol/ que se perdió hace meses/ con ganas de echar humo” o, simplemente, “la ciudad despierta un recuerdo…”. O algo como: “ríen mis muslos con las estrellas/ fumando arcos iris sobre las llanuras del gentío”. La poesía en la ciudad –en Medellín–, ciudad que es y ha sido “un océano de sangre”, se manifiesta en este poemario como un constante e ininterrumpido “ruido que navega agrio e indefinido”. En definitiva, y en general, aquí la poesía se vive y se experimenta como lo que realmente es, es decir como la ausencia del descanso[8].

***


John Henry Amariles Mejía, en su trabajo de periodismo Los libros matan, hermano (2008), hace un entrevista a Helí Ramírez y comenta, presentándolo, que Helí es “un poeta antioqueño que supo incorporar a su poesía el lenguaje barrial, cercano al relato y a la creación de personajes y ambientes”. En este artículo se encuentran además algunos fragmentos de otras entrevistas hechas a ciertas personas cercanas e íntimas a Helí. Por ejemplo, Víctor Gaviria dice aquí que Helí “sabe que es un poeta distinto” y que la “belleza” tan singular de su poesía “no es de princesas ni lo que es la belleza habitual; de ahí la fuerza que hace para inventarse, para escribir poesía”, puntualiza. Elkin Restrepo declara no saber “si la obra de Helí es tan conocida en Colombia como uno quisiera” -ya que “en Medellín si lo es, y cada vez más. Por su supuesto, con enorme respeto y reconocimiento, porque es una poesía sui generis, es muy distinta de las demás; tiene el atractivo de que está respaldada por una actitud del autor muy radical, clara, y definida”, precisa[9].
     Teniendo en cuenta lo que Luis Fernando Macías menciona, con posterioridad, en su artículo Helí Ramírez, la gallada en la pluma (2012): “La historia de Helí [en particular y de su poesía en general] es también la historia de Medellín como ciudad”[10], no es descabellada la anotación de Elkin Respecto que enfatiza que “la poesía de Helí tiene cierta vocación de permanencia, es importante y se leerá en el futuro porque si alguien quiere pensar la Medellín de los años setenta en adelante, necesariamente tiene que acudir a Helí”[11]. Por su parte, Juan José Hoyos, periodista y escritor medellinense, piensa ciertamente que Helí “se ve a sí mismo como un habitante más de nuestra ciudad. […] él no ha dejado de ser el mismo: una especie de camaján de barrio pero que escribe poesía”. En ese sentido, añade que la poesía de Helí

“es muy importante, muy singular. Es la primera vez que yo siento como que un poeta habla con nuestra propia lengua la historia de nosotros, especialmente de los que crecimos en los barrios populares de ciudades como Medellín. Después de los años 50, 60, no he visto otra poesía así. Es una poesía que cambió muchas cosas de la poesía colombiana contemporánea. Para mí es como un milagro, porque describe un mundo de pura vida y que poco había trascendido a la literatura escrita. Diría que de pronto un antecedente son los cuentos de Umberto Valverde en ‘Bomba Camará’. Pero en poesía no había visto eso”[12].


***


En 1979 saldría a la luz su segundo poemario, titulado En la parte alta abajo, el cual se editaría nuevamente en 1991, libro que marcó un punto nodal, y que es un precedente histórico, no solo en la poesía de Helí como tal, sino también en la poesía nacional contemporánea. Meses antes de su publicación oficial, en el número trece, enero-febrero, 1978, de la entonces revista bimestral de poesía antes mencionada, aparecen algunos de los poemas que harán parte de dicho poemario (“eran las tres de la tarde las tres”, “en la cancha”, entre otros)[13]. Aquí Helí desborda su personalidad poética de forma tan libre que constata lo dicho por Víctor Gaviria respecto a su poesía: “En temas completamente prosaicos, en narración casi convencional, el verso se fragmenta de una forma tan arbitraria, pero al mismo tiempo tan constante e intencional, que uno no puede sino concluir que se trata de una profunda sabiduría del ritmo”[14].               

“Voy a seguir diciendo quién soy yo fuera de tantas otras cosas que soy
lo voy a seguir diciendo sin achantarme.

Nací como muchos otros no soy el único
en medio de disparos de revólver y fusil en medio de regueros de sangre.

OH san sangre
que te acabaste de coronar de santidad en este siglo veinte

Me enseñó desde pelado la vida como es la vida.

Tengo en mí un poquito de cosas buenas
y muchas muchas cosas malas en mí tengo

Mis parientes antiguos según chismes
eran brujos duendes y matones
y si llegaba un forastero a la casa se escondían

Odio a los hombres y sus máquinas

Odio a los trapos sucios y feos que me pongo
y odio la ropa fina y bonita

En la ciudad aprendí a no querer siquiera un árbol o un animalito

AH la muerte con su sueño sereno fresco no se preocupa de la vida

Confianzas con nadie no me gusta ni siquiera con la cucha y los hermanos

Me vuelvo un zancudo y salgo volando picando en un cerebro

No creo en las palabras y con los hechos dudo…”


     
     Un fragmento de otro de sus poemas contenidos En la parte alta abajo (1979):

“Soy áquel
               áquel
                             áquel

Soy el que con una pata mocha anda las calles
gritando que arregla sombrillas dañadas y ollas a presión.
soy el que enfrentando tombos y rayas
entra a un banco por billetes
así tenga que saltar manchas de sangre
para no dejar las huellas de los sueños rotos
soy el que sentado en una acera espera
le compren un confite de su soledad entre carros y gente
soy una mano con sus dedos inchados de camellar
soy tantas cosas que de sentirme tantas cosas
siento que no soy nada……………………………………………
…………………………………… ileras de ilusiones
                                  navegan en la masa de mi cerebro.”  


     En cuanto a la relevancia literaria, artística y estética de este poemario, en particular, en el ámbito de la poesía local y nacional contemporánea, Luis Fernando Macías comenta y sostiene que:

“La aparición de algunos poemas en La parte alta abajo en el número trece de Acuarimántima, especialmente “Eran las tres de la tarde, las tres” y “Jugaba de alero”, marcó de un modo definitivo la formación de los que entonces éramos aprendices de escritores y, curiosamente, ese hecho cambió la literatura colombiana en una dimensión que todavía no es posible definir porque se halla en marcha. En nuestra literatura local, por lo menos, creó una especie de cartografía de los barrios que trazó el mapa sentimental de la ciudad y nos dio, como antes lo había hecho Carrasquilla, el valor de hablar de lo íntimo de nosotros mismos, sin el temor de que no fuera materia universal. Por eso entre nosotros la obra de Helí tiene el significado de la ciudad misma y es pionera de un modo de decir, de entender lo que somos. Respecto a ella, podríamos decir que es un canto vigoroso que descubre el odio, la violencia, el sufrimiento de la pobreza y  del malevaje, al mismo tiempo que celebra el goce de vivir y la confluencia de lo tierno en lo duro, como si dijéramos “la belleza de la fealdad” o “la suavidad del horror” en la ciudad que, al ir creciendo, se vuelve cada vez más sórdida.”[15]

     Otros se han referido a esta obra, en el marco de “nuestra literatura” o más bien de nuestra poesía “nacional” –colombiana–, como un “caso” insólito, creativo e innovador. Dicen que En la parte alta abajo “es un libro de poemas”, pero no cualquier libro de poemas, sino uno especial, “muy peculiar”: es un libro que simultáneamente “da hacia la poesía y el relato”, gestando una forma particular de –en cierto sentido- poesía conversacional[16] conjugada a la vez con cierto carácter antipoético[17] que en general asume el autor frente a su trabajo artístico: “como relato tiene tesis y estructuras, pero como [poesía] se anega en una ternura ácida y primitiva que muestra belleza hasta en una violación indeciblemente dolorosa, bestial. Por eso es un libro único”, según ciertas personas, e incluso señalan que “cabe uno de sus poemas en una antología del cuento” local y/o nacional[18]. Esto explica tal vez por qué Guillermo E. Baena, quien fuera editor de la ya no existente revista de poesía ‘Deshora’, piensa que

“desde que Helí publicó “En la Parte Alta Abajo” ya se descubrió en él un buen poeta, un poeta muy distinto a los que teníamos en Medellín; rompió con mucha tradición. Algo de eso se conocía ya, sobre todo con algunos poetas norteamericanos, de la generación beat, que hacían unos planteamientos frente a la ciudad, sobre la actitud de una persona en el mundo, cuestionándose la sociedad de consumo, todo este tipo de cosas. Pero, en el medio colombiano Helí es algo nuevo, fresco. 

Habla con el lenguaje nuestro, sin esa grandilocuencia a la que nos tenían acostumbrados muchos poetas que ya estaban en desuso. Helí en cambio nos propone un lenguaje de la gente del común; con una gran ironía, con un gran sentido de la solidaridad, de la gallada, del barrio. Por eso es que Helí se ha hecho un espacio propio acá, por eso es una voz que va a sonar mucho tiempo en la poesía colombiana.”[19]

     Elkin Restrepo confluye, en cierta medida, con lo mencionado hasta ahora: En la parte alta abajo, dice, “es una de las obras de poesía más importante de la literatura colombiana de todos los tiempos, en donde su poesía está muy cerca del relato y de la creación de personajes y ambientes. Por primera vez en la poesía colombiana está el lenguaje barrial, con su sintaxis, con sus términos”, asegura[20]. Sin temor a decirlo, este libro cambió, ha cambiado y puede hasta cierto punto seguir cambiando, trastornando y metamorfoseando la forma no solo de hacer sino también de leer poesía en Colombia.
     Hay quienes consideran que, por otra lado, con la publicación de En la parte alta abajo una “buena parte de Medellín supo de la existencia de Helí Ramírez, a la par que se enteró de cómo se vivía en un barrio popular de la ladera noroccidental de la ciudad”, de “cómo vivían o, más bien, sobrevivían en [el barrio] Castilla, qué hacían día y noche los pelados de gallada, trabajadores y malevos, y las cuchas y los cuchos que de porfiados levantaban familias en medio de la pobreza endilgada por el desplazamiento” forzado en general. Con este libro, en cierta medida, Helí Ramírez “partió en dos la historia de la poesía en Colombia. Sencillamente porque antes de Helí no hubo otro que [en concreto] escribiera como él” lo hizo -y lo sigue haciendo[21]:  

“Caricias dormidas en su mirada
los postes de la energía los únicos quietos entre el tumulto de sustos
fotografiando en sus cerebros el rostro del terror
sin cabeza las estrellas a la tierra caen
bolas de candela caen y corren a ver si se alcanzan la una a la otra y no se alcanzan
las hormiguitas trepan por los muros
un gato salta de la tristeza a la ciudad y de la ciudad a la tristeza
y la sombra de los tiempos idos oliendo a mortecina.”

Valga señalar que en el número veintiuno, mayo-junio 1978, de la revista bimestral de poesía acuarimántima, dos o tres meses antes que la misma revista -en coordinación con ediciones hombre nuevo- coeditaran y publicaran este libro escrito por Helí, En la parte alta abajo, salen a la luz otros ocho poemas que integrarían también dicho poemario. En ellos, por ejemplo, se destacan algunos versos y líneas poéticos como: “confíe en la desconfianza y que el escándalo los demás lo hagan”; “ella es una virgencita/ devoradora de gavilanes/ con toneladas de solidaridad carnal/ Bebía trago fino y ordinario/ tiraba coza y parecía una gallina tragando maíz con las pepas”; “Encendido el sueño en la realidad asustada/ la locura hace agradable al mundo común/ y la noche no llegó hueca de delirios”; “La mirada de la cucha al oír la noticia/ la forma como fue soltando la bocina/ Las escalas en alboroto/ Vomitó las costumbres/ el rostro de mi hermano como dormido”[22].

***

Para contar el mundo que habitamos, las calles que recorremos día a día, donde vivimos y morimos, Helí Ramírez ha usado la lengua que hablamos. ¿Qué otra cosa es la poesía?” (Juan José Hoyos)[23]

Si bien Helí Ramírez afirma no saber por qué se inclinó por escribir poesía y no otra cosa (ni para qué lo hizo –y aun lo hace–), entendida la poesía “como vehículo de expresión” subjetiva, él no niega la importancia de la crítica literaria en cuanto ayuda “a enderezar las cargas durante la marcha por la especulación y la farsa en que vivimos los artistas”. Lo que sí tiene claro es “que el poeta y el escritor vive y escribe, escribe y vive, y tiene que afrontar el momento histórico que le toque de acuerdo a su propia conciencia[24]: es eso, grosso modo, lo que ha hecho él durante todo el transcurso de su vida, en especial de su vida poética; o en otras palabras, en el trasegar de su existencia personal en complicidad con la poesía.      
     Para él, valga señalarlo, “la literatura” en particular y “el arte” en general “es ficción y realidad” -y viceversa-. Es por eso que “la mayoría de los personajes de” sus “libros”, un “85%” aproximadamente, y por decir algo, “es gente real”[25]. Así pues, Helí no (re)construye la “realidad”, sino que “la realidad, puede ser”, lo “construye” a él y es en esa medida que “realidad e imaginación” mantienen en su poesía una “recíproca alimentación” [26] (“A cuantas tengo huyo de la realidad/ De un momento a otro realidad te vuelvo flecos a balazos/ y sigues siendo una cochinada en mi cerebro”; “Por segundos logro huir/ en segundos también me vuelve la realidad a alcanzar/ me vuelve a acorralar y aniquilarme no logra”; “Mi cerebro…/ en mi cerebro imaginación y realidad/ no tienen de separación ni una luz”[27]).
     En relación a lo anterior, Laura María Giraldo García menciona en su ensayo titulado Personajes y oficios de calle y barrio. Una mirada sobre la poesía de Helí Ramírez (2012), lo siguiente:

“leer a Helí Ramírez es encontrarse con personajes que hacen parte de la vida real, que están tan cerca de nosotros que, a veces, no percibimos, no sentimos, no escuchamos; son los mendigos, los sicarios, las putas, los vendedores ambulantes, los escritores, los ladrones, las amas de casa, las madres solteras, los vendedores de frutas, las estatuas humanas, los mecánicos… y otros tantos, los personajes que atraviesan las páginas de sus poemas y de sus palabras.”[28]

     Ella califica a Helí Ramírez como poeta versátil, como alguien que “pone en duda, incluso, su mismo calificativo de poeta”, indicando que en sus textos dicho autor reúne una compleja “multiplicidad de temas” y hace uso de una rica “diversidad de recursos estilísticos”[29], en términos lingüísticos, que marcan “su auténtica forma de manejar las palabras, las letras, las oraciones y hasta el papel”. Helí Ramírez es para Laura Giraldo la “otra cara de la poesía en la que más que estructura, más que forma, es el inigualable sentido y los múltiples sentimientos por los cuales el lector se ve atravesado” lo que caracteriza y le imprime fuerza no solo a su personalidad poética sino también a su poesía, “poesía que se mueve entre lo duro y lo mordaz que puede resultar el mundo, entre las ilusiones de habitar uno mejor y entre la magia que es posible encontrar en esa frialdad y en esa cotidiana y constante desesperanza” que tanto identifica a Helí como persona y ser social, como ciudadano y poeta de barrio popular, de colina, ubicado en una parte alta abajo del noroccidente de Medellín[30].
     Por su parte, Jaime Jaramillo Escobar, en su texto sobre La poesía en Antioquia de 1753 a 1953 (s.f.), se refiere a Helí Ramírez como un “poeta de tono conversacional, muy importante”, “travieso e informal” que, en el contexto “de barrio bajo –por lo general situado en las partes altas–“,  da “por primera vez cabal y vívida expresión” poética a las diferentes formas de vivir, experimentar y luchar la ciudad desde ciertas zonas marginadas y populares de la misma. Luego nos dice que, y esto hay que resaltarlo, “en la poesía de Helí Ramírez él es actor, las cosas le suceden a él, y por eso puede hablar desde dentro de los acontecimientos, en el riesgo de los mismos, lo que le confiere dramatismo y autenticidad” a su poesía. Es posible afirmar entonces que, en términos generales, Helí Ramírez aportó, y sigue contribuyendo de manera especial a la liberación y enriquecimiento de la poesía local y nacional contemporánea y que, continuando con lo planteado por el ex-nadaísta X504, Helí fue y aún es “una voz necesaria para corregir rumbos” y para crear o nutrir unos nuevos. Su poesía es amplia y cambiante, “como lo muestra su obra, cada vez más compleja”; sin embargo, “el peligro está en la facilidad de imitarlo” (aunque es inigualable), “pero esa es precisamente la trampa que él les pone a los poetas sin genio”, advierte Jaramillo Escobar[31].   
     
  
    ***


En 1980, la Cooperativa de Trabajadores del ISS (Instituto de Seguros Sociales) de Antioquia financió la publicación de Cortinas Corridas, libro en el que Helí explora otras vertientes de su poesía, sin perder su fuerza y brillo singular, característico. Este es un poemario en el que “se espande en llamas/ la sombra loca de un proyecto”; poemario “en donde la aventura enreda a la existencia”, y en el que “hierven los sentimientos” de Helí, quien “en un arrebato/ ante el destino se quita sus capuchas”, dando espacio a y trabajando sobre los “surcos de locuras” que “florecen en” su “cerebro/ y les echo combustible/ a crecer bonitos entiende…”. Helí Ramírez Gómez desborda aquí, inconteniblemente, su locura poética original, no “de marca ordinaria”, en versos como: “la gracia de la bestialidad reside/ en la limpieza total/ de manchitas de piedad”; “el inicio se le marea al fin…/ a cada cual le olfateo su modo de ser”: “espectacular la ancha diferencia de temperamentos”; “deshilvana mentiras la imaginación/ y en los parches de la ignorancia/ paisajes vinagres de un fracaso”; “en claves maniobreo desgracias avisadas”; “los sentidos elaboran/ sus puertas y ventanas/ en trozos de ilusiones/ a un precio poco recomendable/ Juegos de pelados convertidos en seriedades”[32].  
     Leyendo lo que encontramos en el interior del poemario de Helí, lo que sus Cortinas Corridas nos ocultan o destapan, uno se da cuenta por qué en su poesía son “estupendo fertilizante los hechos crudos”, y por qué “en la rutina me oculto/ y fomento rifas de calamidades”, como él mismo lo anota. Allí captamos, escuchando las dulces melodías emanadas de la basura poética citadina, introduciéndonos en la experiencia artística de un sujeto escéptico e intransigente, de “emoción maniatada” pero devastadora, cómo “la locura/ sobrepasa/ los gestos”, subrayando y dejando entrever algunos rasgos ejemplares y propios de la personalidad poética de Helí… por ejemplo: “Le dejo la mano a la verdad estirada/ le organizo carnaval a mis dudas/ y mi locura a una obligación flaca horroriza”; “Enseño a crear colmenas de estrellas/ en soberbios tiestazos en la nuca/ enseño a parar respiraciones/ en esquisitos tiros/ y semanas le dedico a características asesinas/ moldeándoles su funcionalidad” (¿poética?).
      En una cuerda floja, oscilando “en el trajín herido de verdades y mentiras”, sobreviviendo entre “zanos” y hampas, desesperado en el pegote del aburrimiento y la violencia perpetuada, de imaginación activa y misteriosa, testigo de cómo los seres humanos se evaporan a sí mismos, trágico, frío y de mente revuelta y desordenada, en Cortinas Corridas Helí Ramírez evoca un mundo poético donde está arraigado, según sus palabras, “…el hilo reventado de mi locura…” –“mi locura/ risueña de destrucción/ empacando planes/ viendo tántas payasadas de sensibilidad” individual y colectiva, que incluso “los sentimientos en ruinas/ reduciendo riesgos/ iluminan una bodega de sorpresas”. Es imposible pues no festejar, entusiasmarse y extasiarse con la poesía de Helí, es decir leerla, explorarla y vivirla “con el goce de un pelado admirando su carrito de baterías/ chocando en las patas de los muebles y paredes”… al fin y al cabo “somos una fuente de felicidad los pobres disimulada”. 
      
“Puerta a puerta la locura
                 locura de brujo
                 haciendo del edificio
                 un ave de tres alas
                 mal intencionada

                         Locura de duende corrido
                         introduciendo chillidos
                         en las bombillas de la ciudad
                         y mudez en las pantallas de los teatros

Locura de asesino
elaborando el plan
para destruir una especie viviente

                   Locura sexual penetrando un durito
                   y la monedera estrecha de una cuarentona
                   de cuerpo cuidado

Locura de loco
enlocurando su alrededor:
               las aguas de plantas hidroeléctricas
               y las lluvias
               la tierra encementada y plastificada
               el aire y la máquina…

…Locura jhajhajhajhajhajhaaa…

                  locura gozándose
                  gozándose la simplicidad de lo normal.”

     Helí se expone y presenta a sí mismo, a su poesía y a su personalidad poética en general, como “caja fuerte para lamentos insegura”: en Cortinas Corridas, dice, “asumo el papel de bobo y soy maestro labrado en él/ quienes no me conocen determinan atronamiento y mudez”. También señala, como bien sabemos, que él y sus vecinos de barrio vivían en la miseria, entrando a ella con boleta gratuita y hasta VIP, llevando “kilos de humillación” como medallas en el cuello o trofeos en los brazos, ganando “hechos sucios” e “ilusiones quemadas/ a la temperatura de la sangre”, celebrando la victoria a la llegada de la noche “envueltos en una duchada de locuras” e inmersos en una “realidad” que “no se aventura ni a mirarnos”, situación de exilio, pan diario de los ninguneados.
     A continuación, otro fragmento de lo que Helí es y representa, en un sentido literal (y literario):
        
“Soy secta
         soy gallada
                 soy banda
                         soy combo
                                    soy vida violenta
                                    adorador de la acción
                                    en hechos zollados y efectivos
                                    jhajhajhajhajhajhajha…”

Sintetizando, en Cortinas Corridas la locura de Helí abre y cierra calles, puertas y ventanas, acorralando la razón, razón desnuda e “insuficiente de calor atacante” y con “olor a alcantarillado”,  a la vez que ocultándose de ella. En este poemario,  observa Helí, implícitamente, “enloquezco para adentro”; “el destino y su sombra sin forma precisa/ baila anheloso alrededor de un suspiro/ y la razón cuando me ve pide auxilio”; mientras, “bombas de ruidos mueven sus cuerpos/ y sus golpecitos musicales aceleran mi locura”. En ese sentido, escribe: “Volviendo a mí/ a mí volviendo/ la locura no me abandona/ en los cambios de mi ser”; “Me gozo al ser humano yo viéndole sus cositas y…/ uy qué locura/ sabe a zapote dulcesito…”; “Locolocoreloco mi cerebro en el encantico bobo de la realidad/ no cree es en nada y va a la fija/ Soy el príncipe de la frialdad ahogando los sentidos”.      

    ***


La noche de su desvelo, novela publicada en 1986, es una evidencia importante del interés y la preocupación general, artística, estética y literaria de Helí Ramírez por explorar y experimentar diferentes formas de escribir, vivir y contar la ciudad y su concepción personal sobre la misma. Amariles Mejía nos advierte que “la novela ‘La Noche de su Desvelo’”, como la mayor parte de la poesía de Helí, “también se basa en hechos y personajes reales”. Victor Gaviria, por su parte, opina que esta novela “es un sueño”. Y argumenta: “Ahí están los elementos de la realidad, de una familia, desde el ladrón hasta el profesional, pasando por el papá campesino. O sea, está toda la ciudad, vista desde el barrio popular”[33].
     Su trabajo a inspirado no sólo a autores como Gaviria, quien se ha visto seducido por llevar esta novela al cine, sino también a jóvenes artistas de la ciudad de Medellín que, por colocar un ejemplo, trabajan desde las prácticas visuales y en el año 2012 realizaron un cortometraje que interpreta un fragmento de La noche de su desvelo, obra literaria “del maestro Helí Ramírez Gómez”, producido por MAGNOfilms, presentado en el II Festival CICA (Cine de Castilla, realizado entre 1-5 de noviembre 2013) y titulado “Mis Gallinitas”, que termina con una contundente y fuerte exclamación que concentra un aspecto clave de lo narrado por Helí particularmente en dicha novela: “¡No sabemos de donde diablos sale tanta hambre!”[34].
      
     
    
        


[1] acuarimántima Edición Completa, Rescates, Fondo Editorial Universidad EAFIT, Medellín-Colombia, 2012, págs.81-83. [Original de acuarimántima, revista bimestral de poesía, número cinco, julio-agosto, 1974]. Para conocer más, de forma breve y concisa, sobre esta revista bimestral de poesía, véanse los siguientes artículos: Jaime Jaramillo Escobar, “Retrospectiva poética. Acuarimántima. Edición completa”, Boletín Cultural y Bibliográfico, Vol. XLVIII, Núm. 85, 2014, págs.137-138; Juan José Hoyos, “Acuarimántima”, El Colombiano, 22 de julio de 2012, http://www.elcolombiano.com/BancoConocimiento/A/acuarimantima/acuarimantima.asp; Juan David Torres D., “’Acuarimántima’, revista de poesía. Un tiempo feliz”, El Espectador, 02 de julio de 2012, http://www.elespectador.com/noticias/cultura/un-tiempo-feliz-articulo-356704; Redacción Vivir en el Poblado, “El segundo aire de Acuarimántima”, 13 de septiembre de 2012, http://www.vivirenelpoblado.com/periodico/notas-anteriores/5044-el-segundo-aire-de-acuarimantima. Para conocer algunos comentarios acerca de el nexo entre Helí y la importancia de la revista acuarimántima en su vida, véase: John Henry Amariles Mejía, “’Los libros matan, hermano’”, El Mundo, 11 de enero de 2008, http://www.elmundo.com/portal/resultados/detalles/?idx=73779.
[2] Jaime Jaramillo Escobar, “Retrospectiva poética. Acuarimántima. Edición completa”, Boletín Cultural y Bibliográfico, Vol. XLVIII, Núm. 85, 2014, pág.138, file:///C:/Users/WIN/Downloads/654-1299-1-SM.pdf. (cursivas mías).
[3] Fragmentos poemas de Helí publicados en: acuarimántima Edición Completa, Rescates, Fondo Editorial Universidad EAFIT, Medellín-Colombia, 2012, págs.81-83. [Original de acuarimántima, revista bimestral de poesía, número cinco, julio-agosto, 1974]. O: Helí Ramírez Gómez, Poemas, La ausencia del descanso, Editorial Universidad de Antioquia, 1975. Biblioteca Virtual de Antioquia, http://biblioteca-virtual-antioquia.udea.edu.co/pdf/12/lit-hrg-ad.pdf
[4] Beatriz Mesa Mejía, “Helí Ramírez, ciudad, poema y corazón vivo”, El Colombiano, 23 de julio de 2006, http://www.elcolombiano.com/BancoConocimiento/G/g_ciudad_julio23_2006/g_ciudad_julio23_2006.asp. Otros lo presentan como “un gran poeta Medellinense” y cuentan también que, a Helí, “se le conoce como el caminante diurno y nocturno del Centro”, como el poeta que “plasmó en sus creaciones el parlache, antes de que la Real Academia de la Lengua lo aceptara dentro del castellano”, Andrés Mauricio García Patiño, “Helí Ramírez Gómez: Poeta antioqueño”, blog virtual Activa Tamtum, 11 de septiembre de 2010, http://activatamtum.blogspot.com/2010/09/poetizate.html. Asimismo, es conocido como “el poeta de Castilla”, siendo “uno de los escritores más honestos con su propio lenguaje y con su propia historia: la de un “pelado” que se crió en uno de los barrios más violentos de la ciudad, sin que eso impida la belleza de su poesía o se traduzca en una literatura cliché”; una poesía en la cual “no hay complejos por evidencia lo popular, lo barrial”, Óscar Jairo González Hernández, “Helí Ramírez: poesía y honestidad”, El Mundo, 10 de marzo de 2012, http://www.elmundo.com/portal/cultura/palabra_y_obra/heli_ramirez_poesia_y_honestidad_%C2%A0.php. Véase también: Redacción Vivir en el Poblado, “El segundo aire de Acuarimántima”, 13 de septiembre de 2012, donde se reitera la figura de Helí Ramírez como “el poeta de Castilla, quien con sus poemas bellos y crudos se encargó de desconcertar por primera vez a Medellín con la dura realidad que campeaba en los barrios marginales”. Albeiro Rodas, en “Helí Ramírez en mi cama. Cuentos de barrio alto”, 12 de octubre de 2011, http://albeiror24.wordpress.com/article/heli-ramirez-en-mi-cama-12v5ymiwunp3l-38/, lo recuerda, a Helí, como “el poeta del Doce [de Octubre]”, barrio aledaño a Castilla, y también como Helí Ramírez, el poeta “que escribe trabado”. Más sobre esto y algunos datos y experiencias biográficas precisas, véase también: Luis Fernando Macías, “Helí Ramírez, la gallada en la pluma”, acuarimántima Edición Completa, Rescates, Fondo Editorial Universidad EAFIT, Medellín-Colombia, enero, 2012, págs.571-572. Y Juan José Hoyos, “Helí Ramírez - Poemas Iustrados”, Tragaluz editores S.A., Medellín - Colombia, 2012, “Posfacio”, págs.71-83. O Tragaluz editores, “Novedad – Poemas Ilustrados: Helí Ramirez”, 2012, http://www.mediavueltadigital.com/2012/05/novedad-poemas-ilustrados-heli-ramirez.html. Y finalmente: Universidad EAFIT, Agencia de Noticias, “Ese Medellín de Fredy y de Helí… De colores y de palabras”, Cultura, 9 de octubre de 2012, http://www.eafit.edu.co/agencia-noticias/historico-noticias/2012/noticias-octubre/Paginas/cultura-heli-ramirez-fredy-serna-fondo-editorial.aspx#.U6svbbHAkRl.    
[5] Ibíd.
[6] Ibíd. A la pregunta formulada por la editora de este artículo, Beatríz Mesa Mejía, sobre si “¿Helí se considera un poeta urbano, tal como lo definen amigos y críticos?”, este cucho, es decir, Helí Ramírez Gómez, contesta con la fuerza y la tranquilidad que lo caracteriza: “Yo no lo he considerado. No lo había pensado, ni lo pienso. Yo sigo concibiendo mi escritura como inicialmente, un ejercicio o una actividad personal sin pretensiones de ninguna índole y menos de las que ustedes me dan. Yo nunca me identifico como escritor. La publicación de mis primeros poemas fue una sorpresa para mi familia y para mis vecinos…”. Para más sobre esto, véase: Óscar Jairo González Hernández, “Helí Ramírez: poesía y honestidad”, El Mundo, 10 de marzo de 2012. 
[7] Ibíd.
[8] Helí Ramírez Gómez, La ausencia del descanso (1975). Aquí es importante señalar, en un sentido amplio, la relación que existe (aun) entre Helí Ramírez (1948) y el conocido cineasta, guionista, poeta y escritor colombiano Víctor Gaviria (1955). Este último, escribió y publicó en acuarimántima, revista bimestral de poesía, número trece, enero-febrero 1978 (puede encontrarse también en acuarimántima Edición Completa, Rescates, Fondo Editorial Universidad EAFIT, Medellín-Colombia, 2012, págs.210-214), tres años después de publicado el primer libro de poemas de Helí, un artículo titulado “helí ramírez o la ausencia del descanso” en el que, además de otras cuestiones particulares, plantea que lo que podríamos denominar como “vida cotidiana” sería, en términos reales, al “sufrimiento inexpresado, opaco y casi indiscernible, hecho de negaciones, esperas, humillaciones y sentimientos impalpables, que recae especialmente sobre miles de hombres marginados”. Y continúa, y esto es importante en referencia a la poesía de Helí: “quizá por provenir de allí los poemas de Helí Ramírez son un ojo más objetivo, más expresivamente implacable y justo sobre nuestra ciudad. Si tuviéramos con qué medirlo, la intromisión de una palabra en un poema marcaría una conmoción más alta que muchos fenómenos físicos y sociales. Objetos, lugares, sentimientos y estados corporales que se viven en una cierta avergonzada inconsciencia, recuperan su inmediata importancia, como si de golpe se hicieran visibles y descubriéramos la vida que se consume en ellos. Los poemas de Helí incluyen palabras y expresiones que al imponerse por su fuerza interior producen un efecto literalmente liberador. […] Lugares, aceras, avisos, plásticos, cables eléctricos, situaciones regulares, la poesía los hace entrar con una conciencia sin vergüenza. […] De la simple aparición de realidades negadas a la expresión, brota a manera de fuerza contenida, un intenso lirismo. Un sencillo relato adquiere así inusitada belleza…”. Concluyendo y resaltando que, “para quien se quiere acercar a su lectura, los poemas de Helí Ramírez presentan demasiados obstáculos. Pero en ellos hay muchas cosas que debemos obligarnos a entender sobre la ciudad, sobre el lenguaje, sobre la poesía. Ahora un nuevo lugar se ha abierto. Desde otra parte unos muchachos nos hablan…” 
[9] John Henry Amariles Mejía, “’Los libros matan, hermano’”, El Mundo, 11 de enero de 2008. ““Todos en la revista estábamos fascinados con el libro “La Ausencia del Descanso” [1975], pero sobre todo con “En la parte Alta Abajo” [1979], que nosotros editamos en Ediciones Acuarimántima. Helí nos lo leyó una noche en la casa de Daniel Vinogrado, que era cercano a la revista. Esa noche nos leyó ¡Todo el libro! Y nosotros no nos cansábamos. Esa noche cambiamos completamente de punto de vista sobre Medellín””, afirma Gaviria en esta entrevista. Por su parte, Elkin Restrepo subraya que “a Helí todavía no lo veo haciendo parte de antologías de la poesía nacional, porque éstas a veces se hacen desde las conveniencias y creo que eso le hace bien a su trabajo; porque siempre será diferente, y siempre estará ahí, a la espera de quien con buen espíritu se acerque a él”.         
[10] Luis Fernando Macías, “Helí Ramírez, la gallada en la pluma”, acuarimántima Edición Completa, Rescates, Fondo Editorial Universidad EAFIT, Medellín-Colombia, enero, 2012, págs.571-572.   
[11] John Henry Amariles Mejía, “’Los libros matan, hermano’”, El Mundo, 11 de enero de 2008. Esto, es decir, que quien quiera acercarse a estudiar o analizar la historia de Medellín en las últimas cuatro o cinco décadas deba acercarse o se haya acercado a la poesía de Helí, puede verse reflejado, por citar un caso concreto, en: Jorge Orlando Melo, “Espacio e Historia en Medellín”, Medellín, 1997, quien afirma aquí que “ya hacia 1990 Helí Ramírez, poeta y novelista, nos dibuja los barrios locales sin el esquema social de [Carlos] Castro [Saavedra], sino con esas mangas en la que violan a las peladas y esas esquinas en las que los adolescentes esperan a ver cuándo roban al tendero, como en la novela La noche de su desvelo (1987) o en sus libros de poemas, como En la parte alta abajo (1991) [segunda edición; primera edición, 1979]”. César Herrera (s.f.), director de la revista ‘Mascaluna’ de Medellín, Colombia, en su breve escrito “Poetas de Medellín”, http://www.poeticas.com.ar/Antologias/Poetas_de_Medellin/frame.html, nos presenta a Helí Ramírez como, y esto es clave tenerlo en cuenta, “un poeta que ha contado la historia de Medellín de los años sesenta y setenta y lo ha hecho con el tono de la gente pobre del barrio Castilla que se convirtió en el símbolo literario de todos los barrios populares de la ciudad. En sus poemas, transgrede normas gramaticales y se oyen las voces del obrero raso, del vendedor ambulante, de los rebuscadores de las esquinas, de los camajanes del viejo barrio Guayaquil y de los presidiarios. Su lenguaje es coloquial y se puede decir que Helí Ramírez es el iniciador de la literatura del Parlache […] (palabra asignada al lenguaje coloquial y cifrado del mundo del hampa de Medellín de la década de los ochenta) en una asombrosa epopeya de los héroes incógnitos, los que definen la identidad de las ciudades latinoamericanas.” 
[12] Ibíd. Juan José Hoyos también dirá en el artículo publicado por la Universidad EAFIT, Agencia de Noticias, “Ese Medellín de Fredy y de Helí… De colores y de palabras”, Cultura, 9 de octubre de 2012, que, refiriéndose al libro de Helí En la parte alta abajo (1979), “Apenas leí las primeras páginas, pensé que en nuestro país nadie había hablado de ese modo de los barrios de nuestras ciudades y de su gente: esos barrios encaramados en las montañas adonde no llegan los carros de la basura”. A lo que agrega: “Eran poemas con errores de ortografía que parecían cuentos y que hablaban de las cosas de todos los días en un lenguaje callejero, vivo, como hablaba la gente. Algunos parecían copiados de los muros. Al final me dije: por fin nuestros barrios tienen un poeta que es su propia voz”. En Tragaluz editores, “Novedad – Poemas Ilustrados: Helí Ramirez”, 2012, aseveran que Helí es “un poeta que ha sabido darle palabras precisas a la difícil y compleja realidad de las ciudades y barrios populares de Medellín” y que “siendo local, la poesía de Helí ubica la palabra sobre aquello que es de todos: el dolor, la tenacidad, la muerte, la esperanza, el desconsuelo, la amistad, el miedo. Desde la realidad de Medellín, dice con una voz madura y contundente aquello que viven millones de personas en toda Latinoamérica”.
[13] Helí Ramírez Gómez, En la parte alta abajo, Colección Basilisco, Editorial El Propio Bolsillo, Medellín, 1991, segunda edición. Y  acuarimántima Edición Completa, Rescates, Fondo Editorial Universidad EAFIT, Medellín-Colombia, 2012, págs.196-203. Ese mismo año, es decir, en 1978, en el número dieciséis, julio-agosto de la revista acuarimántima le publicarían a Helí un breve artículo-comentario titulado “acercamiento a la poesía de raúl henao”, acuarimántima Edición Completa, Rescates, Fondo Editorial Universidad EAFIT, Medellín-Colombia, 2012, págs.264-265. En este artículo Helí dice, refiriéndose en particular a la poesía del poeta colombiano Raúl Henao y en general a la concepción y forma de escribir poesía en Colombia hasta su momento, que “en este país de tantos “Poetas” y tan poca poesía, poquísima, es extraña una poesía con personalidad. Es extraña una poesía con luz propia”. Al margen de su propia opinión, esta hipótesis podría ser también aplicada a la poesía del mismo Helí: sin duda, su poesía es “una poesía con personalidad” poética singular, inusual y que, ante todo, brilla “con luz propia”.  
[14] Víctor Gaviria, “helí ramírez o la ausencia del descanso”,  acuarimántima, revista bimestral de poesía, número trece, enero-febrero, 1978 (puede encontrarse también en acuarimántima Edición Completa, Rescates, Fondo Editorial Universidad EAFIT, Medellín-Colombia, 2012, págs.210-214).
[15] Luis Fernando Macías, “Helí Ramírez, la gallada en la pluma”, acuarimántima Edición Completa, Rescates, Fondo Editorial Universidad EAFIT, Medellín-Colombia, enero, 2012, págs.571-572.   
[16] Como lo declara Jaime Jaramillo Escobar, citado en Biblioteca Virtual Luis Ángel Arango, “Ramírez, Helí”, http://www.banrepcultural.org/blaavirtual/literatura/quien/quien18a.htm: “«El [barrio] bajo —situado por lo general en las [partes] altas— halla por primera vez cabal y vívida expresión en este poeta de tono conversacional, muy importante por ser el más travieso e informal de los poetas actuales, dominados por el esteticismo. Su aparición convoca de inmediato a algunos poetas diez años menores que él, quienes aceptan la propuesta e inician variables cultas del género, con más refinamiento pero con menos fuerza, o con fuerza pero sin color, y de todos modos guardando una distancia crítica con el tema, mientras que en la poesía de Helí Ramírez él es el actor, las cosas le suceden a él, y por eso puede hablar desde dentro de los acontecimientos, en el riesgo de los mismos, lo que le confiere dramatismo y autenticidad. Sus libros.., son importantes como dato y como poesía... Helí Ramírez era una voz necesaria para corregir rumbos. El mismo está cambiando, como lo muestra su obra, cada vez más compleja. Al final, la poesía antioqueña le deberá mucho».” Véase la referencia original en: Jaime Jaramillo Escobar (s.f.), “Medellín en la poesía”, Biblioteca Básica de Medellín, Epílogo sobre “La poesía en Antioquia”, especialmente la página 352. 
[17] Véase: John Henry Amariles Mejía, “’Los libros matan, hermano’”, El Mundo, 11 de enero de 2008, donde Helí asegura él “nunca” se ha “considerado… un demiurgo ni un chamán ni un escogido por Dios para ser vocero de una comunidad o de un pueblo o de un grupo”, es decir, escribir poesía no lo hace ni lo ha hecho un ser sobrenatural, divino o místico, por así decirlo. 
[18] Literatura Antioqueña Clásica y Contemporánea, Autores, “Helí Ramírez Gómez”, http://viztaz.com.co/litera/autores/r/ramigo.html.
[19] John Henry Amariles Mejía, “’Los libros matan, hermano’”, El Mundo, 11 de enero de 2008.
[20] Ibíd.
[21] Vivir en El Poblado, “En la parte alta abajo”, 18 de octubre de 2012, http://www.vivirenelpoblado.com/periodico/perfiles-y-reportajes/5475-en-la-parte-alta-abajo.
[22] acuarimántima Edición Completa, Rescates, Fondo Editorial Universidad EAFIT, Medellín-Colombia, 2012, págs.342-346. [Original de acuarimántima, revista bimestral de poesía, número veintiuno, mayo-junio, 1978]. También pueden encontrarse en: Helí Ramírez Gómez, En la parte alta abajo, Colección Basilisco, Editorial El Propio Bolsillo, Medellín, 1991, segunda edición. El último fragmento, y otros aquí incluidos, los poemas en general de que hacen parte, se publicó nuevamente en: Helí Ramírez Gómez, Cortinas Corridas, Cooperativa de Trabajadores del ISS, Antioquia, Editorial Lealon, Medellín, 1980.
[23] Juan José Hoyos, “Helí Ramírez - Poemas Iustrados”, Tragaluz editores S.A., Medellín - Colombia, 2012, “Posfacio”, págs.71-83.
[24] Óscar Jairo González Hernández, “Helí Ramírez: poesía y honestidad”, El Mundo, 10 de marzo de 2012.
[25] John Henry Amariles Mejía, “’Los libros matan, hermano’”, El Mundo, 11 de enero de 2008.
[26] Óscar Jairo González Hernández, “Helí Ramírez: poesía y honestidad”, El Mundo, 10 de marzo de 2012.
[27] Fragmentos de poemas tomados de: Helí Ramírez Gómez, En la parte alta abajo, Colección Basilisco, Editorial El Propio Bolsillo, Medellín, 1991, segunda edición. En otro poema, dice Helí: “Sensaciones en mi cerebro raras/ y cuenta me he dado/ que no vivo como pienso ni pienso como vivo…” (En la parte alta abajo, poema ‘IX’). Traigo a colación este fragmento de poema para señalar que, retomando las palabras de los redactores  de la revista acuarimántima (Elkin Restrepo, José Manuel Arango, Miguel Escobar, Daniel Winograd, Víctor Gaviria, Helí Ramírez, Juan José Hoyos y Anabel Torres), publicadas en el número veinticuatro-veinticinco, noviembre 1979 – febrero 1980, “ser moderno” en general, y en particular ser poeta en la modernidad, tiene que ver con enterarse y tomar consciencia de “la simple constatación de que hay un desnivel profundo entre las concepciones que tenemos de la vida, y la forma como la vida realmente funciona”: esto se ve reflejado, en cierta medida, en ese fragmento de verso -libre- contenido en el poema de Helí. Ver: acuarimántima Edición Completa, Rescates, Fondo Editorial Universidad EAFIT, Medellín-Colombia, 2012, pág.394.  
[28] Laura María Giraldo García, “Personajes y oficios de calle y barrio. Una mirada sobre la poesía de Helí Ramírez”, Transeúnte No. 9, revista de opinión, arte y pensamiento, diciembre de 2012, págs.9-16, http://revistatranseunte.com/images/pdf/TRANSENTE%20Edicin%209.pdf
[29] El verso libre como forma poética. El uso de “recursos estilísticos”, lingüísticos, como el hipérbaton, los “puntos suspensivos”, “la repetición de fonemas”; también recicla y modela “onomatopeyas, personificaciones, símiles, metáforas, antítesis e hipérboles”, “isotopías”, “anáforas” y  “aliteraciones”… todo esto en el ámbito literario-poético, valga recalcarlo.       
[30] Ibíd.
[31] Jaime Jaramillo Escobar, Medellín en la poesía, Biblioteca Básica de Medellín, s.f. Epílogo “La poesía en Antioquia de 1753 a 1953”, p.315-354.
[32] Helí Ramírez Gómez, Cortinas Corridas, Cooperativa de Trabajadores del ISS, Antioquia, Editorial Lealon, Medellín, 1980.
[33] John Henry Amariles Mejía, “’Los libros matan, hermano’”, El Mundo, 11 de enero de 2008.
[34] Magno films, Medellín 2012. En: https://www.youtube.com/watch?v=iVPAUDpZuv8

Lina Plena

- RUEGO -


Vientos del este

marquen mi rumbo

con benévola indulgencia.

Qué no sea

el filo del hacha

Lo que

me aguarde

al doblar

la esquina.

 

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